Álvaro Parriego
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Chroma marca un punto de inflexión: el color deja de acompañar y pasa a protagonizar. Por primera vez entra la espátula como herramienta central, y con ella una energía más directa, más vibrante.
Aquí los matices importan más que los gestos grandes. No hay contrastes evidentes, sino una tensión sutil entre capas — lo que se desliza, sin avisar, entre el color y la forma.











