Álvaro Parriego
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Discernimiento bebe del concepto jesuítico promulgado por San Ignacio: la de distinguir, entre los movimientos del alma, cuál nos acerca a la vida y cuál nos aleja de ella. No es elegir entre el bien y el mal, sino entre varios bienes — y aprender a escuchar cuál pesa más.
El color y la línea recta conviven aquí como la intuición y la razón: dos formas de discernir que no se oponen, sino que se necesitan para ver con claridad en medio de la incertidumbre.








